martes, 20 de septiembre de 2011

Kant y yo

Kant y yo leíamos un texto de mi amigo Priot, donde sostiene que el máximo nivel de desarrollo evolutivo al que podemos aspirar los humanos es al de la inmortalidad dentro del sistema solar.

—Y nosotros, porque yo soy un ente bidimensional —protestó mi perro, mientras se comía un bizcocho balanceado—, ¿tendremos que separarnos?

—Tú evolucionaste y ya vives en la tridimensión —ensayé una respuesta—. El problema es mío, pues ya viene a buscarme Ella.

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