10/01/10
Promesa
Lamentarán el error del año pasado. Y el de todos los anteriores. Dan lástima con su yerro rutinario, siempre el mismo, dale que dale, sin parar. Como si fuera el único objeto de vivir el que debamos obedecerles y nada más. Nos llevan a la ruina y encima pretenden que les rindamos pleitesía. Creen, o desean hacernos creer, que sólo estamos obligados a seguirlos, que ir tras sus pasos es la panacea, que sus dichos y hechos son verdades reveladas. Ya hace rato que ninguna duda me cabe: los obnubila la soberbia. Pero no se saldrán con la suya para degradar nuestra existencia. Sí, lo juro.
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jueves, 14 de enero de 2010
Microrrelatos
03/01/10
La escritura
Me acerco y anoto sus nombres, claro, si no, ¿qué haría en este bello lugar?
Ambos ya habían decidido cómo debía llamarse casi todo. Él nominó al otro, y éste se floreó con que a ti te llamo paloma, que tú serás el león, que tú te me antojas como el águila, y que a ti, ¿por qué no?, te grito: ¡gato, gato!
Cuando la creación está completa, ¿qué puedes hacer? Vives y convives. Y si lo deseas, y si tu imaginación te rinde, y si puedes, y si te dejan, inventas algo.
Así fue que por primera vez escribí Eva.
La escritura
Me acerco y anoto sus nombres, claro, si no, ¿qué haría en este bello lugar?
Ambos ya habían decidido cómo debía llamarse casi todo. Él nominó al otro, y éste se floreó con que a ti te llamo paloma, que tú serás el león, que tú te me antojas como el águila, y que a ti, ¿por qué no?, te grito: ¡gato, gato!
Cuando la creación está completa, ¿qué puedes hacer? Vives y convives. Y si lo deseas, y si tu imaginación te rinde, y si puedes, y si te dejan, inventas algo.
Así fue que por primera vez escribí Eva.
Microrrelatos
20/12/09
Mío es lo tuyo
—Los hombres que a mí me gustan no saben llorar —dijo para herirme, con ancestral frialdad calculada.
La miré de arriba abajo a través de mis ojos nublados y húmedos. En su cuerpo, recorrí las huellas de los últimos segundos, horas, días, meses, años. Continué hacia atrás, por las décadas, centurias, milenios, y aún más allá. La rueda de los géneros giró y giró, ciega, cruel, y circularon ante mí, en un instante, infinitos logros, revelaciones, naufragios.
Cuando retorné desde esos confines del tiempo, vi que permanecíamos allí, de pie, mirándonos. Yo había comprendido la última lección, y, con su idéntico desapego, le especté:
—Porque puedes ponerlos a tu servicio.
Mío es lo tuyo
—Los hombres que a mí me gustan no saben llorar —dijo para herirme, con ancestral frialdad calculada.
La miré de arriba abajo a través de mis ojos nublados y húmedos. En su cuerpo, recorrí las huellas de los últimos segundos, horas, días, meses, años. Continué hacia atrás, por las décadas, centurias, milenios, y aún más allá. La rueda de los géneros giró y giró, ciega, cruel, y circularon ante mí, en un instante, infinitos logros, revelaciones, naufragios.
Cuando retorné desde esos confines del tiempo, vi que permanecíamos allí, de pie, mirándonos. Yo había comprendido la última lección, y, con su idéntico desapego, le especté:
—Porque puedes ponerlos a tu servicio.
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